Historia
Los aventureros de la era de los grandes descubrimientos viajaron grandes distancias y soportaron todo tipo de penurias en su búsqueda de tesoros. El Golfo de California con sus áridas costas fue uno de sus mayores retos en el Nuevo Mundo. Fue hasta la llegada de Hernán Cortés que este mas entregó sus secretos, destacando entre estos, las perlas de los colores más intensos jamás vistos.
Los bancos de ostras perleras fueron explotados durante casi 400 años y las perlas del Mar de Cortés fueron las más preciadas por su belleza, rareza y singularidad. Con codicia, los armadores extranjeros y nacionales diezmaron los bancos perfilemos. Como consecuencia lógica, la Perla Mexicana desapareció de los mercados mundiales en la década de los treintas del siglo veinte.
La pesca de la perla.
La Perla es la primera gema de la humanidad, perfecta de origen y de belleza natural. Las grandes civilizaciones la hicieron símbolo de la virtud, la sabiduría, el poder y la riqueza, elevándola al estatus de la “Reina de las gemas”.
En años recientes se han encontrado perlas asociadas a entierros de miles de años de
antigüedad en distintas partes del mundo, de todas estas, las más antiguas,
provienen del Golfo de California o Mar de Cortés. Así lo comprobó un equipo
del INAH (Instituto Nacional de Antropología e Historia) dirigido por Harumi
Fujita tras realizar un riguroso estudio del grupo humano, al que denominó Cultura
de la madreperla, que habitó la Isla Espíritu Santo, frente a la Bahía de
La Paz, B.C.S.
Los artículos de madreperla que encontró fueron varios, entre ellos: ornamentos, anzuelos, aros, cucharas y conchas con un orificio para colgar; pero es de especial relevancia que encontró 14 perlas con una antigüedad de 8,500 años, y estas perlas son especialmente interesantes porque presentan evidencias de trabajo manual tales como acanalamientos e incisiones realizadas para su uso como ornamentos.
Las 14 perlas mencionadas pertenecen a la especie de ostra perlera conocida como madreperla (Pinctada mazatlanica), además hay una perla no nacarada de almeja chocolata (Megapitaria sp.) que es la que tiene el surco más marcado. De las 14 perlas, la más pequeña es de 3.9 x 3.7 mm y la más grande es de 11.2 x 11.0 mm. Si te interesa saber más y ver las imágenes publicadas descarga el libro en el siguiente enlace: Covacha Babisuri | Mediateca INAH
Hay otras evidencias del comercio de perlas en México durante la época precolombina, cuando comerciantes mayas o aztecas recorrían los confines de sus imperios para buscar magníficas perlas para sus gobernantes y dioses. Después de la conquista del Nuevo Mundo por parte de los españoles, varias expediciones fueron enviadas para descubrir el “Mar de Perlas”, pero fue hasta que Hernán Cortés se incorporó en una de las expediciones en 1535 que encontraron la fuente de estos tesoros, por eso en el Golfo de California se sigue manteniendo el nombre de Mar de Cortés.
Siglo XVII. El siglo de los Buscadores de Perlas.
La colonización no avanzó, hasta que a los jesuitas se les dio la autorización de colonizar al país con sus propios recursos. Aquella congregación llegó a ver a las perlas como un obstáculo que distraía a los soldados asignados a proteger a las misiones, así que, prohibieron la pesca de perlas.
Para aprender más sobre las pesca de perlas: Miguel León-Portilla. 1970, “El ingenioso don Francisco Ortega, sus viajes y noticias californianas, 1632-1636”, Estudios de Historia Novohispana, México, UNAM-HH, 1970, vol. III, pp.83-128 Miguel León-Portilla. 2001. Cartografía y crónicas de la Antigua California. 2a ed. IIH de la UNAM
La pesca de perlas en el Estado de Sonora
Los primeros escritos que mencionan a la actividad perlera en el estado de Sonora son del siglo XVIII, en ellos podemos ver que la ciudad de Hermosillo fue originalmente fundada como presidio para proteger el paso al Norte, la mina de La Colorada y a los pescadores de perlas.
En el año 1741 Agustín de Vildósola ascendió a Gobernador de Sonora y Sinaloa. Se distinguió por sus actividades contra los indios rebeldes , la introducción de la vid, la paz temporal con las misiones jesuitas y por impulsar a los armadores de perlas.
“En enero de 1741, el padre Jesús José Javier Molina, un sacerdote Jesuita que era misionero en Tecoripa y visitador de las misiones norteñas, le propone a Vildósola, la división de la gobernación en dos gobiernos independientes: uno que comprendiera desde el real de los Álamos hasta la Pimería Alta donde proponía la fundación de un nuevo presidio ya fuera en El Pitiquín o en San José de Pimas, donde residiría su capitán con el propósito de proteger el territorio de los Yaquis, Guaimas y Seris quienes desde tiempo atrás se venían sublevando y atacaban constantemente a los Pescadores de perlas de Cabo Tepoca”…
“Vildósola aceptó la propuesta de Molina, y el 17 de marzo de 1741 le propuso al virrey don Pedro de Castro Figueroa y Salazar, Duque de la Conquista, la erección de un presidio con cien soldados en El Pitiquín”…
“el 22 de junio de 1741 por órdenes del Virrey de la Nueva España don Pedro de Castro Figueroa y Salazar, Duque de la Conquista, se autorizó la fundación del Presidio de San Pedro de la Conquista del Pitic.”
Ese presidio es el origen de lo que hoy en día es Hermosillo Sonora, una de las ciudades más importantes del Noroeste de México.
Entrecomillado: Lagarda, I. 2007. Historia de Hermosillo. Ed. IMCA. Hermosillo, Sonora.
Siglo XIX. La Pesca de Perlas se vuelve Industrial.
Al inicio del siglo XIX, las Perlas del Mar de Cortés, con su distinguido colorido, se portaban con gran orgullo por la alta sociedad de la Nueva España. Y en verdad conocían de perlas, no sólo podían adquirir las que se pescaban en el Mar de Cortés, además, tenían acceso a las que llegaban con la Nao de China desde Asia. El escritor Guillermo Barba recrea la escena en la que María Ignacia Rodríguez de Velasco (la Güera Rodríguez) conoce a Doña Inés de Jáuregui y Aróstegui, esposa del recién llegado virrey Iturrigaray a la Ciudad de México. Una amistad que sería de consecuencia en estos territorios americanos. El libro es la Conspiradora de Editorial Planeta, lo pueden conseguir en este enlace: La Conspiradora. Hemos consignado un pequeño extracto del relato en este enlace.
Las perlas Mexicanas fueron las primeras “Perlas negras” y “Perlas de los Mares del Sur”.
“Mar del Sur” fue otro nombre que tuvo el Océano Pacífico cuando Vasco Núñez de Balboa lo descubriera realizando un recorrido de Norte a Sur al cruzar Panamá, por lo tanto, las originales “Perlas de los Mares del Sur” son estas de las especies del Pacífico Americano. Sin embargo, hoy día esta denominación se usa para las perlas que provienen de distintas ostras perleras de las costas de Asia y Oceanía.
El primer criadero comercial de ostras perleras en el mundo.
Hacia finales del siglo XIX los bancos perleros del Mar de Cortés comenzaron a evidenciar un agotamiento debido a la sobrepesca y para evitar que la Perla Mexicana desapareciera, Gaston Vivès desarrolló el primer criadero de ostras perleras del mundo, a comienzos del siglo XX, utilizando a la madreperla, Pinctada mazatlanica, y llegó a tener más de 8 millones de organismos vivos al cuidado de 500 trabajadores que laboraban principalmente en la isla Espíritu Santo, enfrente de La Paz en la compañía Criadora de Concha y Perla.
Las conchas de madreperla aportaban un ingreso constante a la granja. Cosechaba 4 veces al año con lo que obtenían 10 millones de conchas que salían, desde La Paz, en barcos con rumbo a Europa y Estados Unidos. Además, Gastón Vivès estuvo exportando entre 200 y 500 perlas naturales de calidad superior al año. Las ostras no se operaban, la formación de la perla dependía de los procesos naturales.
La granja llegó a su fin en medio de las revueltas de 1914, cuando un competidor del Sr. Vivès levantó un improvisado ejército para llegar a destruir las instalaciones, robar las perlas y quemar los documentos de la Compañía. Para ver unas fotos de lo que quedó de la granja de Gastón Vivès, haz clic aquí.
El renacimiento de la actividad perlera en el Golfo de California
El primer paso fue investigar aspectos básicos de la reproducción y el crecimiento de las dos especies: Pteria sterna y Pinctada mazatlanica. La operación para obtener una perla cultivada era una pieza clave que seguía faltando y, en esos años, era una técnica dominada y controlada por el gremio de implantadores japoneses, quienes consideraban traición a la patria enseñarle a alguien que no fuera japonés. Por lo tanto, la técnica se tuvo que desarrollar partiendo de cero a través del lento proceso de prueba y error. Esto quizá no fue tan malo, ya que las especies del Mar de Cortés tienen marcadas diferencias con las ostras perleras asiáticas y quizá sea mejor para una especie diferente una técnica diferente y no una adaptación forzada de la técnica ya existente. Todavía hoy, después de tantos años, la técnica sigue precisando ajustes.
